Caldera que pierde presión: causas, pruebas y soluciones

julio 19, 2026
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Caldera que pierde presión: causas, pruebas y soluciones
Caldera que pierde presión: causas, pruebas y soluciones

Si ves que la caldera empieza a perder presión una y otra vez, el agua tarda más en calentarse o los radiadores no rinden como antes, es normal que te preocupes. Una caldera que pierde presión de forma continua nunca es algo “normal”, aunque a simple vista no veas ni una gota de agua en el suelo. Detrás puede haber desde pequeñas fugas ocultas hasta fallos en componentes internos que, si no se atajan a tiempo, terminan en averías serias.

La buena noticia es que, con un poco de información, puedes entender qué está pasando, qué comprobar tú mismo con seguridad y en qué momento conviene llamar a un técnico. Conocer las causas típicas de la pérdida de presión y cómo reacciona la caldera te ayudará a evitar sustos, a ahorrar energía y a alargar la vida útil de todo el sistema de calefacción.

Por qué es tan importante la presión en una caldera

En las calderas de gas domésticas actuales, lo habitual es que sean modelos mixtos, es decir, que proporcionen calefacción a los radiadores y agua caliente sanitaria (ACS) para grifos y duchas. El agua se calienta mediante combustión (gas natural, gasoil, pellets, etc.) y una bomba la impulsa a través del circuito cerrado de calefacción a una presión concreta.

Para que todo funcione de manera correcta, la mayoría de fabricantes recomiendan que el circuito trabaje entre 1 y 1,5 bar en frío, y rara vez por encima de 2 bar. Si la presión baja demasiado, el agua no circula bien por radiadores y tuberías, aparecen gorgoteos, zonas frías y, en muchos casos, la caldera se bloquea por seguridad.

Cuando la caldera dispone de manómetro analógico o display digital, puedes ver en todo momento los bares de presión que hay en el circuito de calefacción. Si la aguja o el número se acercan a 0,5 bar o menos, el equipo suele pararse para evitar daños. Si, por el contrario, supera los 3 bar, entra en juego la válvula de seguridad y expulsa agua al exterior para bajar la presión.

Qué significa que tu caldera pierde presión

Cuando se habla de que una caldera pierde presión, en realidad se está diciendo que disminuye la cantidad de agua dentro del circuito de calefacción. Al ser un sistema cerrado, si todo estuviera perfecto la presión se mantendría estable salvo por pequeñas variaciones al calentar o enfriar el agua.

Si la presión baja de manera repetida, incluso después de rellenar el circuito desde la llave de llenado, pueden aparecer síntomas muy claros: radiadores que se calientan solo por la parte de arriba, agua caliente que llega tarde o fluctuaciones de temperatura en la ducha. También es habitual oír ruidos de burbujeo o golpes en las tuberías.

El rango normal, a grandes rasgos, suele ser: entre 1 y 1,5 bar con la caldera en frío y algo más alto cuando está calentando. Una bajada continuada por debajo de 1 bar indica que algo no va bien, y si llega a 0,5 bar o menos, la mayoría de calderas se bloquean y muestran un código de error de falta de presión.

Causas habituales: por qué tu caldera pierde presión

Detrás de una pérdida de presión pueden estar muchos factores distintos. Algunas causas son visibles y fáciles de identificar, pero otras son internas u ocultas, y exigen revisar bien la instalación.

Fugas de agua visibles en el circuito

La causa más frecuente es que exista una fuga de agua en alguna parte del sistema. Un pequeño goteo en una tubería, en una llave de radiador o en la propia caldera es suficiente para que la presión baje poco a poco durante días o semanas.

Para detectarlo, conviene revisar con calma la zona bajo la caldera, las uniones de tuberías y las conexiones de los radiadores. Charcos, manchas de humedad, gotas que asoman de vez en cuando, olor a humedad o zonas del rodapié deterioradas son pistas claras de pérdida de agua.

Fugas internas en la caldera

Cuando no hay rastro de agua en el exterior, puede que el problema esté dentro del propio aparato. Juntas, intercambiadores, válvulas o pequeñas conexiones internas pueden deteriorarse con los años, generando pérdidas que no ves porque caen en el interior de la carcasa o hacia el desagüe.

En estos casos, muchas veces solo se aprecia que la presión desciende aunque no se encienda la calefacción y que el manómetro baja constantemente después de rellenar. Para confirmarlo, se puede hacer una prueba muy sencilla: cerrar las llaves de ida y retorno de calefacción que hay bajo la caldera y dejarla parada unas horas o días. Si, aun así, la presión baja con las llaves cerradas, la fuga está dentro del aparato.

Fugas en el circuito de calefacción (ocultas o difíciles de ver)

Si al cerrar las llaves de ida y retorno la presión se mantiene estable, lo que falla está en las tuberías o radiadores. Una pequeña fisura en un tramo empotrado, una llave de radiador que “suda” agua o una conexión mínimamente floja pueden soltar tan poca cantidad que no llegues a ver charcos, pero el manómetro lo delata.

Para intentar localizar el problema, revisa todas las zonas visibles: parte inferior y lateral de radiadores, codos de tubería, colectores y llaves de paso. A veces basta con apretar una tuerca con una llave inglesa, y en otras hay que colocar una cinta de reparación específica o directamente sustituir el tramo afectado con ayuda de un profesional.

Válvula de vaciado mal cerrada

En la parte baja de muchas instalaciones de calefacción existe una llave especial que permite vaciar por completo el circuito cuando hay que hacer reparaciones o cambios. Está normalmente en el punto más bajo: baño, cuarto de calderas o garaje, a menudo bajo una tapa metálica similar a la de un bote sifónico.

Si esa válvula no está cerrada del todo o su mecanismo está desgastado, el sistema puede perder agua de forma lenta, casi imperceptible. La forma de solucionarlo pasa por verificar que la llave está completamente cerrada y, si aun así gotea, sustituirla. En la práctica es un trabajo que suele realizar un técnico de calefacción o fontanería.

Aire acumulado en los radiadores

El aire es otro enemigo clásico de la presión. Cuando hay burbujas de aire en el circuito, ese volumen desplaza al agua y provoca que la circulación no sea homogénea. Lo notarás en radiadores que están calientes en la parte inferior y fríos por arriba, así como en ruidos de gorgoteo.

La solución es purgar los radiadores, sobre todo si son antiguos y no cuentan con purgadores automáticos que liberan el aire ellos solos. Lo recomendado es empezar por el radiador más cercano a la caldera y seguir ordenadamente hasta el último, abriendo el purgador con un destornillador plano o una llave específica y esperando a que salga el aire seguido de un chorro continuo de agua.

Fallo en el vaso de expansión

El vaso de expansión es un depósito, normalmente metálico y de color rojo o similar, que hace de “pulmón” del sistema. Dentro lleva una membrana que separa la parte de agua de una cámara de aire o gas. Cuando el agua se calienta y se expande, entra en el vaso y comprime ese aire, evitando subidas bruscas de presión.

Cuando el vaso se queda sin aire, la membrana se perfora o se deteriora, la instalación ya no puede absorber los picos de presión al calentarse el agua. Esto suele provocar que la presión suba mucho cuando la caldera está funcionando (se acerca o supera los 3 bar) y luego caiga bruscamente al enfriarse, o que se dispare la válvula de seguridad y empiece a tirar agua por el tubo de desagüe.

Hay un truco simple para comprobar si la membrana está rota: en la válvula de inflado del vaso (similar a la de una rueda de coche), se quita el tapón y se presiona ligeramente con un destornillador. Si sale agua en lugar de aire, la membrana se ha perforado y el vaso de expansión debe sustituirse por uno nuevo.

Válvula de seguridad deteriorada

La válvula de seguridad está precisamente para evitar que la caldera trabaje a presiones peligrosas. Cuando detecta una presión excesiva, se abre y deja escapar agua al desagüe. Si con el tiempo se llena de cal o se estropea, puede quedar ligeramente abierta y gotear siempre.

El resultado es que, aunque tú no veas agua porque cae directamente a un tubo, el circuito está perdiendo volumen de forma constante y la presión baja. Suele ser necesario que un técnico revise la pieza y la cambie si está dañada.

Primer encendido de la temporada y otros casos especiales

Es bastante habitual que, al arrancar la calefacción después de meses sin usarla, la caldera marque errores de falta de presión. Durante ese periodo pueden haberse formado bolsas de aire, haber pequeñas pérdidas o simplemente necesitar un reajuste de la presión inicial.

En otras situaciones, como instalaciones al exterior sin cerramiento, algunos usuarios observan que la caldera solo pierde presión en los meses de más frío, incluso sin encender la calefacción. Los cambios de temperatura pueden contraer y dilatar juntas y materiales, evidenciando microfugas que en verano apenas se notan. En estos casos es crucial comprobar el circuito paso a paso, cerrar las llaves de calefacción para descartar si es problema de la caldera o de la instalación y, con esa información, orientar mejor la reparación.

Cómo diferenciar si el problema está en la caldera o en el circuito

Cuando no hay fugas visibles, una forma clara de orientarse es aislar la caldera del resto del sistema. El objetivo es saber si la pérdida de presión se produce dentro del aparato o en las tuberías y radiadores.

El procedimiento habitual es el siguiente: con la calefacción apagada, se cierran las llaves de ida y retorno de calefacción que hay justo en la parte inferior de la caldera. Estas llaves separan la caldera de todo el circuito. A continuación, se deja la caldera en reposo unas horas o incluso varios días, vigilando el manómetro.

Si con las llaves cerradas la presión sigue cayendo, el problema está casi seguro en el interior de la caldera: un intercambiador, una junta, una válvula o un pequeño goteo interno. Si la presión se mantiene estable, entonces la fuga o avería se encuentra en la instalación de calefacción: radiadores, tuberías vistas u ocultas, colectores, etc.

Qué puedes hacer tú si la caldera pierde presión

Hay ciertas comprobaciones y pequeños ajustes que puedes hacer por tu cuenta con seguridad, siempre que sigas unas mínimas precauciones y no fuerces piezas. Si algo no te cuadra o no te ves seguro, mejor parar y llamar a un profesional.

Ajustar la presión desde la llave de llenado

Si miras el manómetro y la presión está por debajo de 1 bar, lo primero es reponer agua al circuito. Casi todas las calderas tienen una llave de llenado en la parte inferior, normalmente de color oscuro o con un pequeño mando.

Con la caldera fría, se abre esa llave girándola lentamente en sentido contrario a las agujas del reloj, mientras observas el manómetro. Cuando la presión llegue a 1 – 1,5 bar, se cierra de nuevo la llave con firmeza pero sin forzar. Si te pasas y sube demasiado, conviene purgar radiadores o vaciar un poco por la llave de vaciado.

Purgar los radiadores correctamente

Antes del invierno o cuando notes ruidos y zonas frías, es buena idea purgar el aire. Empieza por el radiador más cercano a la caldera y avanza hasta el último. Coloca un recipiente debajo del purgador, afloja el tornillo con un destornillador plano o la llave adecuada y espera a que salga todo el aire.

Primero oirás silbidos y burbujas; cuando salga un chorro constante de agua sin aire, vuelve a cerrar el purgador. Al terminar toda la casa, revisa el manómetro: probablemente la presión habrá bajado, así que tendrás que rellenar de nuevo el circuito con la llave de llenado.

Revisar posibles fugas y conexiones flojas

Con la caldera parada y el circuito frío, puedes inspeccionar todo lo que esté a la vista. Mira bajo la caldera, detrás de los radiadores, alrededor de las llaves y en las uniones de tuberías. A veces se ve una pequeña gota colgando que pasa desapercibida en el día a día.

Si detectas que una tuerca rezuma agua, puedes intentar apretarla ligeramente con una llave inglesa. Si la fuga está en una tubería, se puede hacer un apaño temporal con cinta de reparación para agua a presión, pero lo recomendable es que un técnico cambie o repare el tramo afectado en condiciones.

Resetear la caldera si sospechas de un fallo de lectura

Hay ocasiones en las que la caldera pierde presión solo “en la pantalla”, pero en realidad la presión del agua es correcta. El problema entonces no está en el circuito, sino en el propio indicador o en la electrónica. Si el equipo tiene botón de reset, puedes pulsarlo siguiendo las indicaciones del fabricante.

Si no dispone de ese botón, otra opción es apagarla por completo o desenchufarla de la corriente durante unos cinco minutos y volver a encenderla. Si tras el reinicio la presión marcada sigue siendo anómala pese a que el sistema funciona aparentemente bien, será necesario que un servicio técnico revise el manómetro o los sensores.

Cuándo conviene llamar al servicio técnico

Hay señales claras de que ha llegado el momento de que un profesional tome el relevo. Una cosa es rellenar un poco de agua una vez al año y otra muy distinta hacerlo cada pocos días. En estos casos, casi siempre hay un problema de fondo.

Si, por ejemplo, has comprobado fugas visibles, has purgado radiadores, has verificado que las llaves están correctamente cerradas y, aun así, la presión se desploma con rapidez o la caldera se bloquea con frecuencia, el siguiente paso lógico es solicitar una revisión técnica.

Ante síntomas como vibraciones anómalas, ruidos fuertes parecidos a cavitación en la bomba, radiadores que se calientan sin que la calefacción esté activa o situaciones en las que al ducharte se calientan mucho los radiadores en épocas en las que casi no usas la calefacción, puede haber problemas de válvulas, electroválvulas o regulación interna que conviene diagnosticar con instrumentos adecuados.

Además, cuando se detectan problemas serios en elementos como el vaso de expansión, la válvula de seguridad, juntas internas o el intercambiador, las reparaciones requieren herramientas, recambios específicos y conocimientos que no es prudente improvisar. Un mal ajuste de la presión, por ejemplo, puede acelerar el desgaste de la caldera o incluso comprometer la seguridad.

La importancia del mantenimiento preventivo

Más allá de las averías puntuales, lo que realmente marca la diferencia en la vida útil de una caldera es su mantenimiento. Programar una revisión anual con un servicio técnico autorizado permite detectar a tiempo pequeñas anomalías que, si se dejan pasar, acaban en reparaciones costosas.

En estas revisiones se comprueba la combustión, se limpian componentes, se revisan juntas, se controla la estanqueidad y se verifica el estado del vaso de expansión, de las válvulas de seguridad, del manómetro y de todo el circuito hidráulico. También es un buen momento para detectar pérdidas de presión incipientes, purgar el aire acumulado y ajustar la presión de trabajo adecuada para tu instalación.

Es muy recomendable llevar un pequeño registro de las intervenciones: anotar fechas de revisiones, reparaciones, cambios de piezas y problemas de presión que hayas detectado. Este historial ayuda mucho a los técnicos a ver patrones de fallo y a tomar decisiones más acertadas cuando hay incidencias repetitivas.

Hoy en día, además, muchos fabricantes y empresas de mantenimiento ofrecen soluciones inteligentes: termostatos conectados, módulos WiFi para caldera y sistemas que avisan si la presión baja o si aparece un error. Este tipo de dispositivos te permiten controlar la calefacción a distancia, evitar ciclos de encendido y apagado excesivos y recibir avisos tempranos de fallos, lo que reduce tanto el riesgo de averías como el consumo energético.

Actuar con rapidez cuando notas una pérdida de presión persistente y apoyar todo ello en un mantenimiento periódico profesional es la mejor forma de tener un sistema de calefacción eficiente, seguro y duradero, evitando situaciones de emergencia en pleno invierno y manteniendo un confort estable en casa durante todo el año.

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